Viajar por mil lugares, viajar bien lejos, pero estar quieto en un solo lugar. Pensaba yo eso mientras llovía en una calle que no apetecía ser caminada, no apetece nada, no apetece pensar mucho, las palabras sólo salen por un vano deseo de llegar a algún lugar.
mmm…llegar, suena como un delicioso plato, vaya estupidez, pero cierto, entre más lejos se llegue, más suculento y satisfactorio puede llegar a ser; pero las gotas de lluvia y los ruidos de un TV lejano dejan ir el olor y la sensación del plato que yo mismo me imagino. Tal vez en un carro, hasta bien lejos, tal vez a pie, tal vez cruzar algún océano y ahí ver que se hace…mmm ese es el que suena mejor. Pero igual, es mentira eso que uno se pone a ver la lluvia, y se pone a escuchar música para ver llover, se me vienen muchas cosas a la cabeza porque se me hace muy aburrido, porque se me hace muy aburrido, ni un cigarrillo, ni un trago, ni nada más tengo a mi alcance, tal vez por eso sea aburrido; tal vez por eso la necesidad de escribir de nuevo a puño y letra, coger una hoja y escribir con un lápiz y observar de nuevo mi poco sexy caligrafía, y por eso las ganas de estar bien lejos, pero estando aquí, donde debo estar (aparentemente), pero igual parezco como que vivo lejos. Pero no como un pasajero y deseable estado de inconsciencia; más bien como una actitud, que no es jodidamente buena.
El Atlántico podrá esperar, mi cabeza tendrá que saber esperar (sabiendo que no hay que esperar nada), igual suficiente agua cae ya al frente mío como para querer ahogarme en un océano para llegar a ningún lado. La ropa otra vez se me mojó, por andar haciéndome el distante, pendejo.