Mientras miraba a mi alrededor desde la enorme terraza de mi casa, no quise ponerme a pensar en el amor. Del amor me da pereza pensar, me da pereza escribir, me da locha intentar algo que es demasiado complicado de entender y que tal vez sea un mito, puede ser una mera expresión de las entrañas y la cabeza para ocupar la cabeza en cualquier cosa, en este caso en alguien, tantas pendejadas no las puede decir alguien que no ha amado bien, o no ha amado, o ha amado o no ha sido correspondido, mentiras, puede ser mucha gente, pero seguro si estoy de que lo puede pensar alguien que no está amando a plenitud en este momento.
Y llueve poquito…llueve como si San Pedro estuviera, en vez de desatar la lluvia, escurriendo un trapo, llega delgadita y gota a gota, es una lluvia que se deja golpear en la cara…pa quedarse en la terraza, sin camisa y simplemente esperando que la lluvia, chiquitica, caiga en tu cara…lo malo es el manto gris que se ve, miro al oriente y se ve un tenue gris, no es niebla…no es contaminación, es como una capa de gris en transparencia, que deja ver las primeras luces que se prenden al empezar el anochecer, bonito anochecer, un poquito gris pero bonito, si pudiera quitarle la maldita capita gris, tal vez sean mis ojos que se oscurecen. Pero igual el atardecer es bonito, pero todo depende, de que, de si lo estuviera viendo o no, si estuviera en otro lado pensando en otra cosa no me importaría que fuera bonito. Me importarían más otras cosas, las feuras que veo en TV y lo execrable de los problemas. Pero bueno. El avión ya pasa a lo lejos. Demasiado tarde para ser observado mientras pasaba al frente mío. Luego me arrepentiré